Loading
Loading
Loading
Loading
Loading
Loading
We’re looking forward to celebrating with you! Please RSVP and book your travel as soon as possible. | ¡Estamos muy emocionados de celebrar con ustedes! Por favor, confirmen su asistencia y reserven su viaje lo antes posible.
We’re looking forward to celebrating with you! Please RSVP and book your travel as soon as possible. | ¡Estamos muy emocionados de celebrar con ustedes! Por favor, confirmen su asistencia y reserven su viaje lo antes posible.

Ricardo & Diana

Dancing Into Forever

RICARDO ZEGARRA

&

DIANA ORDONEZ

#DancingIntoForever

August 2, 2026

Morganton, NC
49 days49 d18 hours18 h5 minutes5 min47 seconds47 s

How we met

Y todo comenzó bailando…

We met in September 2021 at the legendary La Vieja Guardia (LVG) salsa social, held at the Starlight Ballroom in New Jersey during the aftermath of the pandemic, where a fun first dance marked the beginning of our connection. Soon after we met, Ricardo began commuting to Boston for work and eventually moved there. Despite the distance, we continued to see each other at socials, and our friendship grew through weekends of dancing, deep conversations, and our after-social traditions—grabbing snacks at 7-Eleven after Picante in New Jersey or pizza in New York after LVG or Jimmy Anton’s, when the salsa high allowed Diana to relax into her playful, joyful self—something Ricardo quickly grew to love. We connected over our shared love of salsa and our passion for growth through books and life experiences. Ricardo also became a strong supporter of Diana’s Alegría salsa social and coaching business. During one of the most difficult seasons of grief, Ricardo created a space of trust by asking Diana to share about Juan—something that left a profound and lasting impact. He listened with care as she navigated the complexities of dating after loss. These moments meant more than words can express.

Como nos conocimos

Y todo comenzó bailando…

Nos conocimos en septiembre de 2021 en el legendario social de salsa La Vieja Guardia (LVG), que se llevaba a cabo en el Starlight Ballroom en Nueva Jersey durante el periodo posterior a la pandemia, donde un primer baile divertido marcó el inicio de nuestra conexión. Poco después de conocernos, Ricardo comenzó a viajar a Boston por trabajo y eventualmente se mudó allí. A pesar de la distancia, seguimos viéndonos en los sociales, y nuestra amistad creció a través de fines de semana bailando, conversaciones profundas y nuestras tradiciones después de los sociales—ir por snacks a 7-Eleven después de Picante en Nueva Jersey o comer pizza en Nueva York después de LVG o Jimmy Anton’s, momentos en los que la energía de la salsa permitía que Diana se relajara y mostrara su lado más alegre y juguetón, algo que Ricardo llegó a amar. Conectamos a través de nuestro amor compartido por la salsa y nuestra pasión por crecer a través de libros y experiencias de vida. Ricardo también se convirtió en un gran apoyo para el social de salsa Alegría de Diana y su negocio de coaching. Durante una de las etapas más difíciles de duelo, Ricardo creó un espacio de confianza al invitar a Diana a compartir sobre Juan—algo que dejó un impacto profundo y duradero. Escuchó con atención mientras ella navegaba las complejidades de volver a salir después de una pérdida. Esos momentos significaron más de lo que las palabras pueden expresar.

Our First Date

February 6, 2023

After Ricardo moved to North Carolina, he still found ways to be in New Jersey—timing his flights through Newark between business and personal trips, and showing up at salsa socials whenever he could. On one occasion, I later found out he had gone to three different socials in one night hoping to run into me… ironically, it was the one night I didn’t go out. During one of his trips for a salsa congress in Parsippany, he decided to be more intentional about seeing me and casually mentioned he’d be near Garden State Plaza—knowing it was close to where I lived. What I didn’t know was that he had no real plans to be there and was willing to go out of his way if I said yes. Since I had a prior commitment earlier that day, I suggested we meet there later and even offered to drive him into the city for the social I was going to. What followed was playful banter about whether he was a “real salsero,” as I teased him that a true dancer would make it to both the social and the congress that night. Somehow, he took that challenge seriously—and showed up. Earlier that day, while he was on his flight, we had been texting about music we loved. That night, Ricardo surprised me by asking our favorite DJ, La Conga, to play one of my favorite songs, Quisiera by Juan Luis Guerra. I was completely caught off guard. We shared that dance—and every bachata that played that night. Even though neither of us liked bachata, we had made a deal to dance them all together in solidarity. That Sunday night, he picked me up for another social and did it again—requesting not one, but two of my favorite songs. That’s when something started to shift. I felt it… and it made me nervous. I had already decided I wasn’t ready to date again, and I didn’t want to risk losing our friendship. That night, after going back and forth over text, Ricardo asked to talk so he could be clear about his intentions. I put off the call as long as I could, hoping he might change his mind. But when we finally spoke, he made it clear—he didn’t want to stay just friends. He wanted to take me on a real date. The next morning, he showed up differently—more intentional, more open, more affectionate. It was a side of him I hadn’t seen before, and slowly, I found myself beginning to fall for him. He even changed his travel plans for the rest of the month. Instead of staying in Florida for work and enjoying the Miami salsa scene, he chose to fly back to New Jersey every weekend to see me. For our first date, he took me to Dave & Buster’s, where we played games (and got a little competitive), then to Lassoni in North Arlington, and ended the night dancing salsa by the car under the night sky in the MDN parking lot. He tried to kiss me all night, and I kept saying, “I don’t kiss on the first date.” But by the end of the night, he looked at me and said, “Tell me you don’t want to kiss me.” I paused and said, “I’m a little curious.” He saw his opening—and took his shot. And that’s when everything changed. What started as friendship became something profound —built on intention, presence, and a love that grew one moment at a time.

Nuestra primera cita

6 de Febrero 2023

Después de que Ricardo se mudó a Carolina del Norte, seguía encontrando maneras de estar en Nueva Jersey—coordinando sus vuelos a través de Newark entre viajes de trabajo y personales, y apareciendo en los sociales de salsa siempre que podía. En una ocasión, después supe que había ido a tres sociales diferentes en una sola noche esperando encontrarse conmigo… irónicamente, fue la única noche en la que no salí. Durante uno de sus viajes para un congreso de salsa en Parsippany, decidió ser más intencional en verme y mencionó casualmente que estaría cerca de Garden State Plaza—sabiendo que estaba cerca de donde yo vivía. Lo que yo no sabía era que en realidad no tenía planes de estar allí y que estaba dispuesto a hacer el esfuerzo si yo aceptaba verlo. Como yo tenía un compromiso ese día más temprano, le propuse vernos más tarde allí y hasta le ofrecí llevarlo a la ciudad al social al que yo iba. Lo que siguió fue una conversación juguetona sobre si era un “verdadero salsero,” ya que lo molesté diciendo que un verdadero bailarín iría tanto al social como al congreso esa noche. De alguna manera, se tomó el reto en serio… y apareció. Ese mismo día, mientras él estaba en el avión, habíamos estado hablando por mensaje sobre la música que nos gustaba. Esa noche, Ricardo me sorprendió pidiéndole a nuestro DJ favorito, La Conga, que pusiera una de mis canciones favoritas, Quisiera de Juan Luis Guerra. Me tomó completamente por sorpresa. Bailamos esa canción—y todas las bachatas de la noche. Aunque a ninguno de los dos nos gustaba la bachata, habíamos hecho un trato de bailarlas todas juntos en solidaridad. Ese domingo por la noche, me recogió para otro social y lo volvió a hacer—pidiendo no una, sino dos de mis canciones favoritas. Fue entonces cuando algo empezó a cambiar. Lo sentí… y me dio miedo. Yo ya había decidido que no estaba lista para volver a salir con alguien y no quería arriesgar nuestra amistad. Esa noche, después de varios mensajes, Ricardo quiso hablar conmigo para ser claro con sus intenciones. Yo postergué la llamada lo más que pude, esperando que cambiara de idea. Pero cuando finalmente hablamos, fue claro—no quería quedarse solo como amigo. Quería invitarme a una cita de verdad. A la mañana siguiente, empezó a mostrarse diferente—más intencional, más abierto, más afectuoso. Era un lado de él que no conocía, y poco a poco, empecé a enamorarme. Incluso cambió sus planes de viaje para el resto del mes. En lugar de quedarse en Florida por trabajo y disfrutar la escena de salsa en Miami, decidió volar a Nueva Jersey cada fin de semana para verme. Para nuestra primera cita, me llevó a Dave & Buster’s, donde jugamos (y nos pusimos un poco competitivos), luego fuimos a cenar a Lassoni en North Arlington, y terminamos la noche bailando salsa junto al carro bajo el cielo nocturno en el estacionamiento. Intentó besarme toda la noche, y yo seguía diciendo: “Yo no beso en la primera cita.” Pero al final de la noche, me miró y me dijo: “Dime que no quieres besarme.” Hice una pausa y le dije: “Tengo curiosidad.” Vio su oportunidad… y la aprovechó. Y ahí fue cuando todo cambió. Lo que comenzó como una amistad se convirtió en algo profundo—construido con intención, presencia y un amor que creció momento a momento.

The Proposal

He coordinated with our life group—the people who have become our closest friends in our new home state—under the pretense that we were gathering to celebrate September birthdays. Everyone was asked to bring food, and I even decided to make arroz con leche, thinking it was just another meaningful time to connect. I had no idea it was all intentional—that he had invited the people closest to us to be part of this moment and personally asked them to make every effort to be there. The day prior, he had also asked my father for his blessing. I was running late finishing the arroz con leche and messaged our friend Aracelis to coordinate preparing it at her house instead. What I didn’t realize was that everyone was waiting—not just for the dessert, but for the moment. Before we sat down to eat, our life group leader, Leandra, asked Ricardo to say a prayer and bless the food. As he prayed, I was overwhelmed with emotion. He spoke about how our relationship had drawn him closer to God and thanked Him for me and for Mia. It was the first time he had ever prayed for us, and after the conversation we had shared the night before about his spiritual journey, it meant more than I can express. By the time he said “amen,” I was in tears, overwhelmed with gratitude. I thought everyone was looking at me because I was a complete emotional mess—but in reality, they all knew what was coming. Ricardo turned to me, shared a few heartfelt words, and got down on one knee. Mia stood beside us, looking from him to the ring and back again in complete shock. In that moment, surrounded by the people who have walked alongside us, I said yes. Because everyone knew, my dear friend Aracelis was able to capture everything on camera—the proposal, Ricardo’s words, and Mia’s reaction—preserving a moment we’ll cherish forever.. Afterward, Mia ran to hug us, beaming with joy, and her friend hugged her just as excitedly. It was a moment filled with so much love, support, and celebration. We spent the rest of the day sharing a meal, laughter, and gratitude. It was meaningful—centered on faith, surrounded by community, and marking the beginning of a new chapter. Later, I learned that Ricardo had been carrying the ring for almost a year, waiting for the right moment. He had even almost proposed once before, but it didn’t feel right. This moment did. And it was all in God’s perfect timing.

La Pedida

Coordinó con nuestro grupo de vida—las personas que se han convertido en nuestros amigos más cercanos en nuestro nuevo hogar—bajo la idea de que nos reuniríamos para celebrar los cumpleaños de Septiembre. A todos se les pidió llevar comida, y yo incluso decidí hacer arroz con leche, pensando que sería otra reunión especial para compartir. No tenía idea de que todo era intencional—había invitado a las personas más importantes para nosotros y les había pedido que hicieran todo lo posible por estar presentes. Incluso, el día anterior, también le había pedido la bendición a mi papá. Yo estaba corriendo tarde terminando el arroz con leche y le escribí a nuestra amiga Aracelis para coordinar terminarlo en su casa. Lo que no sabía era que todos estaban esperando—no solo el postre, sino el momento. Antes de sentarnos a comer, nuestra líder de grupo, Leandra, le pidió a Ricardo que hiciera una oración. Mientras oraba, me llené de emoción. Habló de cómo nuestra relación lo había acercado más a Dios y agradeció por mí y por Mia. Fue la primera vez que oró por nosotras, y después de la conversación que habíamos tenido la noche anterior sobre su camino espiritual, significó más de lo que puedo expresar. Cuando dijo “amén,” yo estaba llorando. Pensé que todos me miraban porque estaba completamente emocionada… pero en realidad, todos sabían lo que venía. Ricardo se giró hacia mí, dijo unas palabras y se arrodilló. Mia estaba a nuestro lado, mirando el anillo y luego a nosotros, completamente sorprendida. En ese momento, rodeados de las personas que han caminado con nosotros, dije que sí. Como todos sabían, mi querida amiga Aracelis pudo capturar todo en cámara—la pedida, las palabras de Ricardo y la reacción de Mia—preservando un momento que atesoraremos para siempre. Después, Mia corrió a abrazarnos, llena de felicidad, y su amiga la abrazó con la misma emoción. Pasamos el resto del día compartiendo comida, risas y gratitud. Fue un momento significativo—centrado en la fe, rodeado de comunidad y marcando el inicio de un nuevo capítulo. Más tarde supe que Ricardo había tenido el anillo por casi un año, esperando el momento indicado. Incluso había estado a punto de proponer antes, pero no se sentía correcto. Este momento sí lo fue. Y todo fue en el tiempo perfecto de Dios.

Who are The Llamas?

Early on in our relationship, Mia would talk about Ricardo but had a hard time remembering how to say his name. I would often have to fill in the blanks when she tried to mention him. Then one day, she started calling him “Mr. Llama.” At first, I thought it was just a funny nickname—but when I asked her where it came from, she said, “Well, you’re Mama Llama, so he’s Mr. Llama.” And just like that, it stuck. From that moment on, we became “The Llamas”—Mama Llama, Mr. Llama, and Mia Llama. In a beautiful way, it also allowed Mia to hold onto her connection with her dad, as she had always known him as Daddy Llama from the Llama Llama books, while also honoring Ricardo’s special role in her life—not by calling him by his first name, but by a name that felt uniquely theirs. She now calls him Mr. Llama everywhere—to teachers, friends, doctors, and even her therapist. Since then, the name has become part of our family—we’ve had custom cycling jerseys made with our llama names, personalized Christmas ornaments, and even extended the tradition to family, with her aunt Gevenny as Tía Llama and her aunt Samantha as Titi Llama. What started as a simple, childlike nickname became something much deeper—a symbol of love, connection, and the family we are building together.

Quienes son Los Llamas?

Al inicio de nuestra relación, Mia hablaba de Ricardo pero le costaba recordar cómo decir su nombre. Yo solía ayudarla a completar sus frases. Hasta que un día empezó a llamarlo “Mr. Llama.” Al principio pensé que era solo un apodo gracioso, pero cuando le pregunté de dónde venía, me dijo: “Bueno, tú eres Mama Llama, entonces él es Mr. Llama.” Y así se quedó. Desde entonces, nos convertimos en “Los Llamas”—Mama Llama, Mr. Llama y Mia Llama. De una manera muy especial, esto también permitió que Mia mantuviera su conexión con su papá, a quien siempre conoció como Daddy Llama por los libros de Llama Llama, mientras también honraba el lugar especial de Ricardo en su vida con un nombre único. Ahora lo llama Mr. Llama en todos lados—con maestros, amigos, doctores e incluso con su terapeuta. Desde entonces, el nombre se volvió parte de nuestra familia—tenemos camisetas personalizadas de ciclismo, adornos de Navidad y hasta se extendió a la familia, con su tía Gevenny como Tía Llama y su tía Samantha como Titi Llama. Lo que comenzó como un apodo sencillo se convirtió en algo mucho más profundo—un símbolo de amor, conexión y la familia que estamos construyendo juntos.

Footer image