Our story began in a completely unexpected way—two fourteen-year-olds in 2013, crossing paths on Instagram. What looked like a random moment of teenage silliness turned out to be the beginning of the greatest blessing God has ever placed in our lives. We started talking, and even as kids, something about our connection felt natural and effortless—like it was meant to be long before either of us knew it. At the time, neither of us believed it would turn into anything serious. We both thought it was just fun, just a temporary spark. But God had different plans. Instead of fading, our connection deepened. We grew up together. We learned each other. We overcame challenges, shared milestones, and walked side by side through every high and low. Twelve years later, that simple Instagram moment has transformed into a love that has strengthened us, matured us, and guided us. It’s a love that has survived childhood, teenage years, heartbreaks, growth, distance, and life itself—and through it all, God has been the foundation that kept us connected, protected us, and brought us to this moment. As we prepare to marry—we feel overwhelmed with gratitude. We thank God not only for bringing us together, but for guiding us, molding us, and strengthening our bond through every season of our lives. We are excited for the future God has in store for us: the home we will build, the family we will create, the dreams we will chase, and the faith that will continue to anchor us. Our love story began young, but with God’s hand on it, it has grown into something profound, enduring, and beautifully intentional. Here’s to the rest of our forever— guided by God, grounded in love, and blessed beyond measure. ___________________________ Nuestra historia comenzó de una manera completamente inesperada: dos plebes de catorce años en 2013, cruzando caminos en Instagram. Lo que parecía un momento aleatorio de tonterías adolescentes resultó ser el comienzo de la mayor bendición que Dios ha puesto en nuestras vidas. Empezamos a hablar, y aun siendo niños, había algo en nuestra conexión que se sentía natural y sin esfuerzo, como si hubiera sido destinada mucho antes de que cualquiera de los dos lo supiera. En ese momento, ninguno de los dos creía que se convertiría en algo serio. Pensábamos que solo era divertido, solo una chispa pasajera. Pero Dios tenía otros planes. En lugar de desvanecerse, nuestra conexión se profundizó. Crecimos juntos. Nos conocimos de verdad. Superamos desafíos, compartimos momentos importantes y caminamos lado a lado en cada alto y cada bajo. Doce años después, aquel simple momento en Instagram se ha transformado en un amor que nos ha fortalecido, nos ha hecho madurar y nos ha guiado. Es un amor que ha sobrevivido a la niñez, la adolescencia, los desamores, el crecimiento, la distancia y la vida misma; y en todo eso, Dios ha sido la base que nos mantuvo unidos, nos protegió y nos trajo hasta este momento. Al prepararnos para casarnos, nos sentimos profundamente agradecidos. Le damos gracias a Dios no solo por unirnos, sino por guiarnos, moldearnos y fortalecer nuestro lazo en cada etapa de nuestras vidas. Estamos emocionados por el futuro que Dios tiene preparado para nosotros: el hogar que construiremos, la familia que formaremos, los sueños que perseguiremos y la fe que continuará sosteniéndonos. Nuestra historia de amor comenzó siendo muy jóvenes, pero con la mano de Dios sobre ella se ha convertido en algo profundo, duradero y bellamente intencional. Brindemos por el resto de nuestro para siempre: guiados por Dios, aferrados al amor y bendecidos más allá de medida.