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Antonio Bañuelos

&

Jasmine Perez

Tlajomulco de Zúñiga

Jalisco, Mexico

June 7

2026

our love story

"I have found the one whom my soul loves." - Song of Solomon 3:4

Some love stories start with a spark. Ours started with a quiet nudge from fate. We’d known about each other for as long as we could remember—two lives linked by family, yet somehow living in completely different worlds. She grew up in Georgia, and he spent his whole life in California. The only times our paths crossed were during short childhood summers—quick moments here and there that would later feel like God’s gentle foreshadowing. She can still picture him in her mind—this cute boy she couldn’t seem to forget, even though they were just kids from different states. Life moved on, as it always does. We grew up miles apart. And then… everything changed. In 2018, a simple conversation brought us back into each other’s lives. What started with jokes and late-night talks quickly turned into something more—something undeniable. But we were still young. He waited for her—patiently, respectfully—just as her parents had asked. Then, in 2020, he asked her to be his girlfriend in the sweetest, most traditional way: standing beside his parents, asking hers for their blessing. From then on, we were inseparable—two high school sweethearts with a love that felt timeless. Over time, that playful spark grew into the kind of love that feels steady and sure. He’s the outgoing one who pulls her into the world; she’s the quieter one who helps him slow down. We balance each other in ways we didn’t even know we needed. Then came the proposal—Valentine’s Day, 2025. He planned everything down to the tiniest detail: a day trip to Rosarito, ocean views, a seven-course dinner, roses waiting on the table. She thought they were headed to see a fireworks show… Instead, she walked into a dream. A candlelit path, petals scattered as if placed one by one. An arch covered in roses. The ocean breeze wrapping around them. And there he was—on one knee, fireworks lighting up the sky behind him, asking her the easiest question she would ever answer. Now here we are—building a forever that already feels like home. The truth? Our love has always been written in the stars, in God’s perfect timing. And we’re just so grateful we get to live it.

nuestra historia de amor

“He encontrado al que ama mi alma.” – Cantar de los Cantares 3:4

Algunas historias de amor comienzan con una chispa. La nuestra comenzó con un suave empujón del destino. Nos conocíamos desde que tenemos memoria: dos vidas unidas por la familia, pero viviendo en mundos completamente distintos. Ella creció en Georgia, y él pasó toda su vida en California. Las únicas veces que nuestros caminos se cruzaban eran durante los cortos veranos de la infancia—momentos fugaces que más tarde sentiríamos como un tierno presagio de Dios. Ella aún puede imaginarlo en su mente—ese chico lindo que no lograba olvidar, aunque solo eran niños de diferentes estados. La vida siguió, como siempre lo hace. Crecimos separados por millas. Y entonces… todo cambió. En 2018, una simple conversación nos trajo de vuelta a la vida del otro. Lo que comenzó con bromas y pláticas nocturnas pronto se convirtió en algo más—algo innegable. Pero aún éramos jóvenes. Él la esperó—pacientemente, con respeto—tal como sus padres le habían pedido. Y luego, en 2020, le pidió que fuera su novia de la manera más dulce y tradicional: de pie junto a sus padres, pidiendo la bendición de los de ella. Desde entonces fuimos inseparables—dos novios de preparatoria con un amor que se sentía eterno. Con el tiempo, aquella chispa juguetona creció hasta convertirse en un amor firme y seguro. Él es el extrovertido que la invita a salir al mundo; ella es la más tranquila que lo ayuda a detenerse. Nos equilibramos de formas que ni siquiera sabíamos que necesitábamos. Después llegó la propuesta—el Día de San Valentín de 2025. Él planeó todo hasta el más mínimo detalle: una excursión a Rosarito, vistas al mar, una cena de siete tiempos, rosas esperándola en la mesa. Ella pensaba que iban a ver un espectáculo de fuegos artificiales… En cambio, entró en un sueño. Un sendero iluminado con velas, pétalos esparcidos como si hubieran sido colocados uno por uno. Un arco cubierto de rosas. La brisa del mar envolviéndolos. Y ahí estaba él—de rodillas, con los fuegos artificiales iluminando el cielo detrás de él, haciéndole la pregunta más fácil que ella respondería en toda su vida. Y aquí estamos ahora—construyendo un “para siempre” que ya se siente como hogar. ¿La verdad? Nuestro amor siempre estuvo escrito en las estrellas, en el tiempo perfecto de Dios. Y estamos tan agradecidos de poder vivirlo.