Había una vez, en el año 2005, dos niños que aún no sabían leer el mundo, pero ya sabían encontrarse. Fue en una boda familiar, entre risas ajenas y música suave, donde quedaron atrapados en una fotografía que el tiempo decidió guardar como prueba. Ella tenía cuatro años y vestía de blanco; él, con cinco, iba de negro. Dos colores opuestos que, sin saberlo, ya se complementaban. El destino, silencioso y paciente, sonreía. A lo largo de los años, sus caminos se cruzaron más de una vez, como si la vida insistiera en recordarlos el uno al otro. Eran encuentros breves, casi invisibles, semillas plantadas sin prisa. Nada parecía definitivo… hasta que lo fue. Llegó la noche de Año Nuevo del 2022, cuando el mundo pedía comienzos nuevos. Bajo el cielo oscuro, se miraron de una forma distinta, como si por fin se reconocieran. Entre ellos, una simple caja de natas se convirtió en testigo de algo que empezaba a despertar. No hubo promesas, solo miradas largas y un silencio lleno de posibilidades. El año siguió su curso, y con él, las conversaciones, las risas compartidas y el deseo creciente de encontrarse otra vez. Hasta que el 25 de julio llegó con una invitación a La Parguera, y con ella, una noche que cambiaría todo. Hubo baile, risas que dolían en el pecho y estrellas que parecían bajar del cielo para besarles los cachetes. Entre música y salitre, el destino dejó de susurrar y habló claro. Ahí, bajo ese cielo infinito, comenzó oficialmente su historia. Pero en el fondo, ya llevaba años escribiéndose.
Con inmenso amor y orgullo, Annette y Oberst, junto a Cristina y Alex, cordialmente invitamos a nuestros familiares y amigos a ser testigos de la unión de sus hijos, Gabriela y Alex, ante Dios y la Virgen en el pueblo de Mayagüez, y a celebrar el comienzo de esta nueva historia de amor en Rincón, Puerto Rico.