We met in the most serendipitous yet predictable way, on a tennis court. We both grew up as competitive tennis players and even moving on to compete at the Division 1 level, it's almost expected right? A year ago, we were both roped into playing in a 10.0 mixed doubles league. One of us (guess who) was gently pressured into signing up, and the other one? Well… he was literally paid to show up. Yep, Francisco’s friend couldn’t make it, so he offered a cash incentive to play with a complete stranger and that stranger was me (Tristen). Neither of us knew what to expect. We weren’t sure if we’d click or even win a single match. But we stepped on the court, served up some teamwork, and walked off… undefeated. Every single match. And somewhere between the rallies, the high-fives, and pretending we weren’t mildly competitive, something clicked. By the end of the season, we had more than a winning record, we had the start of something really special. Fast forward a year, and we’re engaged, still playing doubles (on and off the court), and still undefeated… in love. So yes, Francisco got paid to meet me, the love of his life. And no, he hasn't invoiced anyone for the engagement. ESPAÑOL: Primero viene el amor (sin juego de palabras) 🎾, luego viene el matrimonio Nos conocimos de la forma más afortunada y predecible: en una cancha de tenis. Ambos crecimos como tenistas competitivos e incluso llegamos a competir en División 1, algo casi casual, ¿verdad? Hace un año, nos convencieron para jugar en una liga de dobles mixtos 10.0. A uno de nosotros (adivina quién) lo presionaron para que se registrara, ¿y al otro? Bueno... le pagaron literalmente para que asistiera y jugara. SÃ, el amigo de Francisco no pudo asistir, asà que le ofreció un incentivo económico para jugar con una completa desconocida, y esa desconocida era yo (Tristen). Ninguno de los dos sabÃa qué esperar. No estábamos seguros de si conectarÃamos, ni siquiera de si ganarÃamos un solo partido. Pero estando en la cancha, hicimos un poco de trabajo en equipo y salimos... invictos. Todos los partidos. Y entre los cambios de cancha, los choques de manos y fingir que no éramos nada competitivos, algo encajó. Al final de la temporada, tenÃamos más que un récord ganador: éramos el comienzo de algo realmente especial. Un año después, nos comprometimos, y seguimos jugando dobles (dentro y fuera de la cancha) y seguimos invictos... y enamorados. Asà que sÃ, a Francisco le pagaron por conocer al amor de su vida. Y no, no le ha facturado a nadie por el compromiso. -Francisco & Tristen