Dicen que algunas historias comienzan con amor a primera vista, la nuestra comenzó un poco diferente. Nos conocimos en el primer semestre de Medicina, cuando coincidimos en las aulas de la universidad sin imaginar que estábamos a punto de encontrar al amor de nuestras vidas. Al principio, no fue precisamente un encuentro de cuento: no nos llevábamos muy bien y parecía difícil que entre nosotros pudiera surgir algo más que algunas diferencias. Sin embargo, el tiempo, con su forma silenciosa de acercar corazones, fue transformando aquella relación en una amistad sincera que, poco a poco, floreció en algo mucho más especial. Nuestra primera cita fue tan sencilla como inolvidable: ir a comer un perro caliente después de clases. Entre conversaciones tímidas y sonrisas que apenas comenzaban a aparecer, nació una conexión que ninguno de los dos podía explicar. Poco tiempo después llegó uno de nuestros primeros viajes con amigos a Salento. Mientras recorríamos sus paisajes y compartíamos momentos que hoy atesoramos, ambos sentíamos esas inevitables mariposas en el estómago, aunque ninguno se atrevía a decirlo en voz alta. El destino siguió escribiendo sus páginas y una noche, después de ver Avengers: Endgame, llegó nuestro primer beso. Fue un momento que todavía nos hace sonreír al recordarlo; los nervios estaban tan presentes que incluso hacían temblar algunos labios, así que hizo falta un poco de iniciativa para que aquel instante finalmente ocurriera. Desde entonces hemos recorrido juntos cada etapa de la vida. Estudiamos nuestra carrera de la mano, compartimos largas jornadas de estudio, nos acompañamos en los días más difíciles y celebramos cada logro como si fuera propio. En el camino hemos aprendido mucho el uno del otro: encontramos equilibrio entre la calma y la disciplina y descubrimos que nuestras diferencias nos complementaban de la mejor manera. Entre conversaciones interminables, sueños compartidos y aprendizajes mutuos, nos convertimos en compañeros de vida. Somos dos personas profundamente unidas a nuestras familias. Disfrutamos cada momento junto a nuestros padres y hermanos y encontramos felicidad en las cosas sencillas: cocinar recetas nuevas, ir al cine, descubrir pueblos, recorrer senderos, viajar, conocer culturas y sobre todo, compartir una buena comida juntos. Años después, cuando nuestra historia ya estaba llena de recuerdos inolvidables, llegó uno de los capítulos más especiales. En diciembre del año pasado, apenas una semana antes de graduarnos, viajamos a Punta Cana. Allí vivimos un momento que jamás olvidaremos: una propuesta de matrimonio llena de acertijos y pistas que nos condujo hasta el amanecer frente al mar; y fue allí, con el sonido de las olas como testigo, donde comenzó oficialmente una nueva etapa en nuestra historia. Hoy seguimos soñando como lo hacíamos cuando nos conocimos: construir un hogar, crecer profesionalmente, recorrer el mundo y crear una vida llena de amor, complicidad y propósito. Somos románticos, incondicionales y profundamente agradecidos con la vida por habernos permitido encontrarnos; porque, después de todos estos años, seguimos sintiendo que en el otro hemos encontrado ese lugar seguro al que siempre queremos volver. Para navegar nuestro sitio web, haz clic en el menú de las tres líneas ubicado en la esquina superior derecha. Allí encontrarás toda la información.