Dicen que cuando el destino quiere unir a dos personas, no hay distancia que pueda impedirlo. Y en nuestro caso, el destino tuvo dos cómplices muy especiales: Zule y Malte. Todo comenzó un día de verano: Diego estaba con unos amigos disfrutando junto a un lago, frente a la casa de Zule y Malte. Al escuchar a un grupo hablando español, Malte no dudó en acercarse a conocerlos. Poco después llegó Zule y compartieron un momento muy especial. Al día siguiente, Zule los invitó a un asado en su terraza y esa misma noche llamó a Yane y convencida, le dijo: “Acabo de conocer a alguien que es perfecto para ti.” Unos días más tarde Zule organizó otro asado… y por supuesto, invitó a ambos. Ese día Yane y Diego se conocieron, bailaron, cantaron… y una pequeña chispa comenzó a brillar. El tiempo y la distancia hicieron que no pudieran verse con frecuencia, pero las redes sociales hicieron su trabajo. Meses después volvieron a encontrarse en casa de Zule y Malte para una cena navideña. Y allí, aquella chispa volvió a encenderse… esta vez, para no apagarse nunca más. Al día siguiente, Diego se ofreció a llevar a Yane a su ciudad. Durante ese viaje — una hora llena de risas y conversaciones profundas — ambos sintieron que algo muy especial estaba naciendo. Pocas semanas después comenzaron a visitarse con más frecuencia… y el 3 de abril de 2021 decidieron ponerle nombre a esta historia de amor que no ha dejado de crecer y que quieren celebrar contigo.