Japón, 29 de agosto de 2025: Si así fue la pedida, imagina la que podemos liar en la boda...
España, junio de 2014. El país contenía el aliento mientras el rey Juan Carlos I anunciaba su abdicación, cediendo la corona a su hijo, el entonces príncipe Felipe, que poco después sería proclamado rey con el nombre de Felipe VI. En medio de aquel momento histórico, entre titulares y conversaciones, Óscar decidió escribir su propia historia. Aprovechando el revuelo mediático, eligió aquel símbolo de cambio y esperanza para dar un paso igual de valiente: declararse a Verónica. Fue durante una fiesta de Medicina cuando, sin pensárselo dos veces, Óscar se arrodilló ante ella y le preguntó —ante la sorpresa de todos sus amigos— si quería ser su Letizia. Entre risas, emoción y aplausos, aquel “sí” selló el comienzo de un reinado propio, sin tronos ni coronas, pero lleno de complicidad, cariño y sueños compartidos. Desde entonces, Óscar y Verónica han sido inseparables: él, su rey; ella, su reina. En estos doce años juntos han crecido de la mano, construyendo una vida en la que cada logro del otro se ha celebrado como propio. Han sabido sostenerse en los tropiezos y aplaudirse en las victorias, compartiendo risas y desafíos, sueños y proyectos, aprendiendo que amar es caminar de la mano en la misma dirección, incluso cuando el camino cambia. Hoy, desean celebrar con vosotros todo lo que han vivido y, sobre todo, lo que aún les queda por vivir. Porque si en 2014 comenzó una nueva etapa para España, aquel mismo año también comenzó la suya: una historia de amor que no abdica, que solo crece, y que está dispuesta a reinar para siempre.