Todo comenzó en el lugar más especial: en la casa de Dios. Un domingo, nuestra querida pastora decidió presentarnos. Gilfred, muy seguro de sí mismo, pensó que yo era colombiana… ¡pobrecito! No sabía que en realidad estaba conociendo a una dominicana que iba a revolucionar su vida. Al principio no hubo interés romántico. Pasaron dos años donde solo compartíamos en la misma familia de la iglesia, mientras muchos nos decían: “Ustedes tienen el mismo corazón.” “Se verían tan lindos juntos.” Nosotros sonreíamos… y lo dejábamos ahí. Hasta que un día, una hermanita mayor de la iglesia le preguntó a Gilfred si estaba soltero. Al escuchar su “sí”, ella no dudó: “Pues invita a salir a Verónica, ¡hoy es su cumpleaños!” Esa no fue nuestra primera cita oficial, pero sí fue el comienzo de algo hermoso. Después vinieron mensajes interminables, llamadas largas y dulces que nos robaban el sueño, y poco a poco entendimos que Dios estaba escribiendo algo especial. Nuestra primera cita fue una aventura de senderismo… y desde ahí, nunca más nos soltamos. Desde entonces hemos compartido risas, sueños, oraciones y momentos que solo Dios pudo planear tan perfectamente. Creemos que nuestra historia es un regalo del cielo, prueba de que el tiempo de Dios siempre es perfecto… y ahora, estamos listos para seguir escribiéndola, juntos, para toda la vida.