Nuestra historia no fue una línea recta, fue un camino que aprendió a encontrarse dos veces. Caminamos juntos, tomamos rumbos distintos y, sin buscarlo, la vida volvió a cruzar nuestros pasos. Con el tiempo entendimos que lo que era real no se olvida, solo espera. Hoy no celebramos el inicio de algo nuevo, sino la certeza de un amor que supo crecer, sanar y regresar más fuerte. Por eso vamos al altar, con la seguridad de que siempre fuimos destino.