Nuestra historia ha sido una hermosa muestra de que el tiempo de Dios siempre es perfecto. Nos conocimos cuando apenas comenzábamos a descubrir quiénes éramos y qué soñábamos para nuestro futuro. Lo que inició como un simple encuentro, poco a poco se convirtió en una conexión muy especial. Primero nació una amistad sincera y genuina, una de esas que se construyen con confianza, risas y momentos compartidos. Con el paso del tiempo, esa amistad creció hasta convertirnos en mejores amigos, y sin darnos cuenta, nuestros corazones comenzaron a caminar juntos hacia algo mucho más grande: un amor profundo, lleno de fe, crecimiento y propósito. A lo largo de estos tres años hemos aprendido a apoyarnos mutuamente, a celebrar cada etapa de la vida y a construir una relación basada en el amor, la confianza y en los planes que Dios ha puesto en nuestro camino. El momento de la propuesta fue un instante lleno de emoción y gratitud, una confirmación de lo que siempre habíamos sentido en nuestros corazones: que fuimos destinados a compartir esta vida juntos. Hoy nos sentimos inmensamente bendecidos de comenzar este nuevo capítulo como futuros esposos, y aún más agradecidos de poder celebrarlo rodeados del amor y cariño de todos ustedes.