Nos conocimos en un retiro espiritual sin imaginar que ese encuentro marcaría nuestras vidas para siempre. Entre oraciones, conversaciones profundas y risas inesperadas, comenzó algo que ninguno de los dos estaba buscando, pero que ambos necesitábamos. Dios ha sido el centro de nuestra relación desde el inicio. Él ha guiado cada paso, cada decisión y cada sueño compartido. Seis años después, seguimos caminando juntos con la misma fe que nos unió aquel día.