Save the date A&G
Sus caminos se cruzaron por puro azar, en ese instante preciso donde nadie busca nada, pero la vida lo ofrece todo. Al principio, se miraron como dos mundos distantes; estaban convencidos de que sus diferencias eran muros insalvables y que no había hilo que pudiera coser sus realidades. Sin embargo, el diálogo comenzó a tender puentes. Entre palabras compartidas y confesiones susurradas, llegó aquella cita improvisada en un balcón, bajo la complicidad del cielo. Fue allí, entre la sencillez del momento y la brisa de la noche, donde ambos sintieron el primer destello de algo que amenazaba con florecer. Avanzaron con cautela, protegiendo el corazón con el miedo natural de quien se sabe en etapas distintas de la vida. No buscaban el amor, pero el amor, con su propia voluntad, ya los había encontrado a ellos. Porque, como bien dicen, "el amor no se elige, es un regalo que nos elige a nosotros", y ellos pronto comprendieron que Dios tenía trazado un plan mucho más perfecto que sus propios temores. Hoy, tras casi cuatro años de caminar de la mano, aquel lazo que nació como una casualidad se ha transformado en una promesa eterna. Están a un paso del altar, con la certeza de que cada diferencia fue solo un matiz para pintar el cuadro de una vida juntos.