Nos conocimos en una fiesta de Halloween, en medio de disfraces y risas. Fue uno de esos encuentros inesperados que, sin saberlo, marcan un antes y un después. Desde esa noche no dejamos de hablar. Al principio, ninguno de los dos buscaba algo serio, pero poco a poco, las conversaciones se volvieron rutina, las salidas más frecuentes… y las ganas de vernos, inevitables. Sin darnos cuenta, nos fuimos eligiendo todos los días. Nos conocimos de verdad: con nuestras virtudes, defectos, manías y sueños. Y fue entonces cuando supimos que esto no era solo una historia bonita, sino nuestra historia para toda la vida. Hoy, con el corazón lleno de amor y gratitud, estamos listos para dar el siguiente paso. Y no podríamos imaginar este día sin compartirlo con quienes han sido parte de nuestro camino.