We first met at the chiropractor’s office where Paulina worked, and Alonso was a patient. Paulina tried to spark a little conversation, but Alonso… not so much. He kept it short and sweet — classic Alonso: quiet until he’s comfortable. After a few attempts at small talk, Paulina handed him off to a coworker to finish his therapies. He left, and that was that. Or so we thought. Funny how life works. At the time, it didn’t feel like a moment that would mean anything. But looking back, that quiet interaction was the beginning of everything. Because sometimes, love doesn’t start with fireworks. Sometimes, it begins with a quiet hello, a missed connection, and the perfect second chance. Nos conocimos por primera vez en el consultorio de quiropráctico donde Paulina trabajaba y Alonso era paciente. Paulina intentó iniciar una conversación, pero Alonso… no tanto. Respondía corto y al punto — clásico Alonso: callado hasta que entra en confianza. Después de varios intentos de charla, Paulina le pidió a una compañera que se encargara de sus terapias. Alonso se fue, y eso fue todo. O al menos, eso creíamos. Curioso cómo funciona la vida. En ese momento, no parecía ser algo importante. Pero al mirar atrás, esa pequeña interacción fue el comienzo de todo. Porque a veces, el amor no comienza con fuegos artificiales. A veces, empieza con un “hola” tímido, una conexión fallida… y una segunda oportunidad perfecta.