Nos conocimos en el trabajo, un diciembre cualquiera. A Ale le tocó apoyar por un par de semanas un proyecto en el que estaba Mateo… y terminó haciéndolo trabajar un 21 o 22 de diciembre hasta las 11:00 p.m. Él, con esa calma que lo caracteriza, nunca dijo que no. Entre reportes, Excel, discusiones sobre quién sabe más de Friends y muchos chistes, nació una amistad que hasta hoy sigue siendo el centro de todo lo que somos. Un tiempo después, empezamos a salir. Y desde entonces, no hemos parado de viajar, reírnos, querernos… y sí, también de planear el futuro con muchos, muchos archivos de Excel. Entre un viaje y otro, hoy regresamos a donde todo empezó: Valledupar. Acá Mateo conoció a la familia de Ale, se enamoró del corozo, del chuzo desgranado, y desde entonces no solo canta La Gota Fría completica, también sabe quién canta qué… como buen cachaco acosteñizado. Desde ese viaje, se mueve entre dos amores: uno que grita goles en el Campín, y otro que suena a caja, guacharaca y acordeón. En el camino, a ambos nos ha tocado aprender del otro, adaptarnos, crecer, cambiar rutinas y ampliar playlists —sobre todo para incluir la mitad de las canciones de Red Hot Chili Peppers que Mateo tanto ama. Por su parte, Ale ha cambiado algunos planes por ver la Champions, se ha aguantado a Mateo viendo partidos de Millonarios a las 3:30 a.m., ha viajado en vacaciones con temperaturas de -18°C y escucha, semanalmente, que Mateo “sabe más de Friends que ella”. Cuatro años después, con el corazón lleno y el paso afinado, venimos a dar el ajá más importante de todos: el que se canta, se baila y se dice en voz alta frente al altar. Ese ajá que suena a “sí, pa’ toda la vida”, y que se convierte en la primera piedra de nuestra propia casa en el aire. ¡Bienvenidos a nuestro #VallenaTeAle! 🪗💛