Sin buscarlo, sin esperarlo… simplemente sucedió. Entre conversaciones que se alargaban sin mirar el reloj y momentos sencillos que hoy son recuerdos imborrables, entendimos que aquella casualidad tenía algo distinto. Algo que no era pasajero. Con el tiempo descubrimos que no era solo suerte. Era elección. Era calma. Era hogar. Hoy sabemos que aquella coincidencia fue el inicio de nuestra historia más importante. Y por eso, el 23 de mayo, queremos celebrar que la más bonita casualidad terminó convirtiéndose en nuestro para siempre.