Nuestra historia empezó mucho antes de que nos diéramos cuenta. Yo soy de Quito, pero cuando tenía 13 años viví un tiempo en Loja, la ciudad de Andrés. Allí conocí a una de mis mejores amigas, quien sin saberlo sería parte clave de esta historia. Aunque Andrés y yo teníamos muchas personas en común, nunca nos conocimos en ese momento. El destino tenía otros planes. Años después, ya en la universidad y de regreso en Quito, fue precisamente esa amistad la que nos volvió a cruzar en el camino. Entre fiestas y paseos nos fuimos enamorando… justo en el momento perfecto. Hace 9 años, en una fiesta de cumpleaños, todo cambió. Esa noche Andrés decidió que no podía irse sin pedirme el número, dando inicio a nuestra historia de amor. La vida nos puso a prueba cuando apareció la distancia, pero entendimos que cuando es la persona correcta, siempre encuentras el camino de regreso. Hoy seguimos eligiéndonos. Y mirando atrás, entendemos que nada fue casualidad. Estábamos destinados a encontrarnos. Dios ya lo tenía escrito en nuestra historia.