Por años, nuestras oraciones llevaron el mismo deseo: encontrar a la persona con quien compartir la vida. Dios escuchó y, en su tiempo perfecto, cruzó nuestros caminos en el trabajo. Lo que empezó como una amistad sencilla se transformó en una historia escrita desde el cielo. Hoy celebramos el amor que nació de la fe, la esperanza y la promesa divina.