Hace más de 15 años comenzó una historia que, en ese entonces, nadie imaginaba cómo terminaría. Al principio, Natalia y Mateo eran solo conocidos gracias a la amistad entre sus hermanas. Todo cambió cuando Mateo viajó desde Washington a La Paz para pasar sus vacaciones de verano. Una amiga en común los presentó y, sin darse cuenta, pasaron todo el verano juntos, se volvieron mejores amigos y hablaron constantemente durante los años a pesar de la distancia. Lo que siguió, fueron años de chats, llamadas, y más tarde visitas de Mateo a Natalia en la universidad en Arkansas, y visitas de Natalia a Mateo en la universidad en Texas. Aunque sus amigos siempre aseguraban que estaban destinados a terminar juntos, ellos insistían en que solo eran mejores amigos. Se graduaron y cada uno tomó un camino diferente. Natalia se fue a trabajar a Texas y Mateo partió a Bolivia. Al parecer los mejores amigos no planeaban un futuro juntos. Pero el destino tenía otros planes. Así que tuvo que llegar la pandemia para encontrarse nuevamente en Bolivia. Lo que comenzó como un reencuentro entre dos grandes amigos se transformó rápidamente en una complicidad imposible de ignorar y después de un corto tiempo se volvieron inseparables, partners in crime, compañeros de fiestas y planes compartidos, hasta que por fin se dieron cuenta que eso se llamaba amor. Después de años juntos en una relación hermosa, sucedió un viaje inolvidable a Africa, donde la magia del Serengueti logro que el "corazón se imponga ante todo". Allí, acariciados por un romántico atardecer, Mateo decidió sorprender a Natalia, se arrodilló, le preguntó si quería pasar el resto de su vida a su lado. A lo que Natalia respondió: “No, no, no !!” “Es en serio?” Y después de un corto silencio, volvió a responder: “Si, si!! ¡Y mil veces sí!"