Nuestra historia de amor comenzó con una avería en la capital. Corría noviembre de 2015 en Caracas cuando mi camioneta se quedó accidentada en Caurimare. De la nada, apareció Braulio Andrés, quien, por casualidad, me reconoció de la universidad. Amablemente, se ofreció a ayudar, aunque en ese momento decliné. Sin embargo, el destino ya había trazado el camino. Poco después, lo vi sentado bajo el icónico Samán de la universidad con sus amigos. Me acerqué sin pensarlo, le agradecí por su gesto previo y, con atrevimiento, le pregunté si vivía cerca de El Cafetal para que me llevara. Él dijo que sí. Durante el trayecto, mis amigos, con quienes había quedado, se retrasaron. Braulio se quedó, y así, en ese coche, pasamos casi una hora conversando. Recuerdo pensar lo fácil y genuino que era hablar con él. Nos despedimos, y aunque pasaron dos meses sin contacto, la semilla ya estaba sembrada. Un día, al ver que era su cumpleaños por una historia de WhatsApp, lo felicité. Desde ese mensaje, no hemos parado de hablar. La relación se formalizó el 15 de enero de 2016, y un mes después, Braulio tuvo el noble gesto de pedírselo oficialmente a mi papá.
Tras tres años de construir nuestra vida juntos, tuvimos que afrontar nuestro mayor desafío. En septiembre de 2018, Milly tomó la difícil decisión de mudarse a España para cursar sus estudios de posgrado. El 11 de septiembre se convirtió en la fecha de nuestro adiós temporal, un día lleno de lágrimas que marcó el inicio de dos años y medio de una intensa relación a distancia. Mientras Braulio finalizaba su grado de Ingeniería en Venezuela, Milly se enfocaba en su máster y una beca, con las videollamadas como nuestro único puente. El primer reencuentro llegó en 2019, cuando Braulio viajó para celebrar su cumpleaños. Compartimos un mes juntos, planeando con ilusión que la distancia terminaría a principios de 2020. Pero el mundo tenía otros planes.
La llegada de la pandemia por COVID-19 fue un golpe de realidad. Los planes se desmoronaron, la beca de Milly se perdió y las fronteras se cerraron. La incertidumbre fue dolorosa, pero nuestra promesa se mantuvo inquebrantable. Finalmente, desafiando vuelos cancelados y restricciones, logramos reunirnos en diciembre de 2020, justo a tiempo para celebrar la Navidad. Fue el final de la distancia física y el verdadero inicio de nuestra aventura juntos en España. Aunque el camino ha estado lleno de pruebas difíciles y situaciones dolorosas, hemos aprendido a lidiar con la vida como un verdadero equipo. Hoy, estamos aquí, más fuertes que nunca, y listos para el próximo gran capítulo: convertirnos en esposos.