Our story began where any timeless romance should - the hallowed grounds of cyberspace. After a tech-aided meet-cute and several delays (thanks, COVID!), we opted for a good old-fashioned date at a digital Van Gogh exhibit - a fitting reflection of the blend of tradition and modernity that was quickly defining our young relationship. Three years of challenges weathered together and one cross-country move later, the words we heard beneath the swirling lights of that Starry Night ring truer than ever: “love is eternal - the aspect may change, but not the essence.” *** Nuestra historia comenzó donde debería hacerlo cualquier romance atemporal: en los sagrados territorios del ciberespacio. Tras un encuentro fortuito con ayuda de la tecnología y varios aplazamientos (¡gracias, COVID!), optamos por una cita a la antigua en una exposición digital de Van Gogh, un reflejo perfecto de la combinación de tradición y modernidad que pronto definiría nuestra joven relación. Tres años después, tras haber superado desafíos juntos y una mudanza de costa a costa, las palabras que escuchamos bajo las luces giratorias de aquella Noche estrellada resuenan hoy con más fuerza que nunca: “el amor es eterno; el aspecto puede cambiar, pero no la esencia.”