Hace más de diez años nuestras vidas se cruzaron por primera vez. Éramos jóvenes, intensos, curiosos y llenos de ganas de vivir. Y vivimos. Muchísimo. Construimos un hogar, compartimos viajes, rutinas, sueños y hasta un gato que también fue parte de nuestra pequeña familia. Aprendimos a convivir, a crecer juntos y a querernos en lo cotidiano, que quizá es la forma más verdadera de amor. Pero la vida, a veces, también pide distancia. Tuvimos que separarnos para atender caminos personales, laborales y emocionales que necesitábamos recorrer por nuestra cuenta. Y aunque el tiempo pasó, nunca dejamos de estar presentes de alguna forma el uno en la vida del otro. Nos despedimos con treinta y pocos… y volvimos a encontrarnos con cuarenta. Como si hubiera existido siempre un hilo invisible llevándonos de vuelta al mismo lugar. Primero fue el sur, Canarias. Ahora es el norte, Bilbao. Dos etapas, dos geografías y una misma historia que nunca terminó del todo. Durante todos estos años hubo algo que permaneció intacto: el cariño, la admiración, la constancia y la certeza silenciosa de que había un vínculo imposible de romper. Y hoy, después de todo lo vivido, nos volvemos a elegir. Pero esta vez para el compromiso más importante y consciente de nuestras vidas: casarnos. Gracias por acompañarnos en esta historia. Ustedes serán cómplices de uno de los momentos más especiales de nuestro camino.