Nos conocimos en Bumble a finales de febrero, cuando Luis respondió a una pregunta muy seria: “¿qué querías ser de grande?”. Él dijo “gasolinero” y yo, con toda la visión del mundo, “limpia vidrios”. Claramente, ahí supimos que éramos la pareja perfecta. Hablamos durante semanas como si nos conociéramos de toda la vida… hasta que llegó el día de nuestra primera cita y, dos horas antes, me dio pánico y lo cancelé. Él, muy casual, respondió: “ya vamos a empezar, jaja”… y yo, dramática, decidí que era un loco y lo ghosteé. Spoiler: no era un loco. Tiempo después, el destino (y otro encuentro en Bumble) nos volvió a cruzar. Aclaramos el malentendido, retomamos la conversación… y cuando por fin nos vimos, confirmamos lo que ya sospechábamos: esto era diferente. Nuestra “primera cita” empezó a las 5 pm y terminó cuando nos corrieron del lugar. Luego me ofreció un “cafecito” a las 10 pm (que claramente no fue café), drinks improvisados, baile hasta la madrugada y conversaciones que nos hicieron sentir en casa. Dos días después, Luis me invitó a nuestra segunda cita… en Puerto Escondido. Sí, una semana juntos en la playa con alguien que acababa de conocer. Y fue la mejor decisión. Desde entonces, todo fluyó tan natural (y tan rápido) como debía ser: familia, vida juntos, risas diarias… y la certeza de que nos habíamos encontrado. Y bueno.. aquí estamos, listos para el siguiente paso 💍