Dios cruzó nuestros caminos.
No fue casualidad, fue Su plan perfecto.
Entre miradas y sonrisas nació nuestro amor.
Con el tiempo, ese amor creció y se hizo más fuerte.
Dios fue nuestra guía en cada paso.
Nos enseñó a tener fe, paciencia y esperanza.
Juntos aprendimos a amar, a perdonar y a confiar.
De Su mano caminamos en los días buenos y en los difíciles.
Hoy, con el corazón lleno de gratitud,
unimos nuestras vidas ante Dios.
Comenzamos este nuevo camino bendecidos por Su amor.