Subir un volcán siempre había estado en nuestra lista de cosas por hacer, algo de lo que hablábamos desde hace años. Así que un día, finalmente decidimos hacerlo. Viajamos a Guatemala con mis hermanos y mi cuñado para enfrentarnos al reto del Acatenango. La caminata no fue fácil. Cinco horas de senderos empinados, lluvia y viento intenso. Pero después de mucho esfuerzo, llegamos al campamento base justo a tiempo para ver el atardecer más hermoso, rodeados de nubes y vistas de volcanes. Pasamos la noche allí, bien abrigados y emocionados (aunque yo no sabía que Logan tenía una razón extra para estar nervioso). A las 4 de la mañana del día siguiente, comenzamos las últimas 2 horas de subida hasta la cima. Fue la parte más difícil: hacía frío, estaba oscuro y fue agotador, pero las vistas en el camino hicieron que cada paso valiera la pena. Cuando por fin llegamos a la cima, el sol comenzaba a salir sobre las montañas, y realmente se sentía como estar en la cima del mundo. Entonces Logan encontró “el lugar perfecto para una foto”. Y así, de repente, se arrodilló y me hizo la gran pregunta 🥰 Subir el Acatenango fue un reto, pero lo haríamos todo de nuevo solo para revivir ese momento. Un momento que nunca vamos a olvidar.