Hace once años, en el aula de clase entre planos y maquetas comenzó la historia que jamás imaginamos vivir. Éramos dos jóvenes estudiantes de arquitectura con el mundo entero por delante y con un vínculo que, sin darnos cuenta, ya estaba destinado a ser eterno. Lo que nació como una amistad de complicidad, risas interminables, miradas que se entendían sin palabras y sueños que siempre imaginamos juntos, se convirtió en la base más sólida de nuestra vida. Nuestra conexión era tan evidente que todos preguntaban: “¿Son novios?” Y nosotros, entre risas, respondíamos: “No, las cruces, solo somos mejores amigos.” Pero la verdad iba mucho más allá… Éramos dos almas gemelas que aún no descubrían el amor que las había unido desde el primer instante. Con el tiempo, ese cariño puro y profundo encontró su verdadera forma. Sin prisa, pero sin pausa, se transformó en un amor extraordinario, de esos que no se planea, pero que lo cambia todo. Descubrimos que no solo éramos compatibles, sino que éramos el complemento perfecto: donde uno soñaba, el otro construía; donde uno flaqueaba, el otro sostenía. Hoy, ese amor que nació sin avisar es nuestro mejor proyecto. Hemos hecho realidad el anhelo más hermoso: unir nuestras vidas como esposos y construir, ladrillo a ladrillo, un nuevo hogar y una bella familia. -Futuros Esposos Galo Aguilar-