Through something as simple as social media, our paths crossed when our Christian content began appearing on each other’s screens. We followed one another, drawn in by a shared love for Jesus and a desire to live boldly for Him. For a few days, our connection consisted of nothing more than liked videos — until Eddy finally gathered the courage to send a message. What began as a lighthearted bond over our mutual Red Bull addiction soon turned into meaningful conversations that stretched far beyond the surface. Before long, phone calls turned into FaceTime — and our very first one lasted for hours as we read scripture together. In that sacred moment, we both felt it clearly: this meeting was not by chance. God was present, and there was purpose unfolding before us. As days passed, our hearts grew closer. A few weeks later, we met for our first date. Though distance stood between us, it never felt stronger than the peace God placed within us. That day confirmed what we had already begun to believe — that this love was worth every mile, every sacrifice, and every prayer. Over the next six months, we experienced seasons of joy and growth, along with challenges that taught us how to trust God more deeply and love one another more intentionally. Through every high and low, Christ remained our foundation, teaching us patience, humility, and what it truly means to love as He loves. Now, by His grace and perfect timing, we stand engaged — preparing to step into covenant together, not simply as two hearts in love, but as two lives surrendered to God. With faith as our anchor and Christ at the center, we look ahead with gratitude for where we’ve been and excitement for all that He has yet to write. “So they are no longer two, but one flesh. Therefore what God has joined together, let no one separate.” — Matthew 19:6 Nuestra Historia A través de algo tan simple como las redes sociales, nuestros caminos se cruzaron cuando nuestro contenido cristiano comenzó a aparecer en las pantallas del otro. Nos seguimos mutuamente, atraídos por un amor compartido por Jesús y el deseo de vivir con valentía para Él. Durante algunos días, nuestra conexión no fue más que “likes” en los videos… hasta que Eddy finalmente reunió el valor para enviar un mensaje. Lo que comenzó como una conexión ligera por nuestra adicción compartida al Red Bull pronto se convirtió en conversaciones profundas que iban mucho más allá de la superficie. Poco después, las llamadas telefónicas se transformaron en FaceTime — y nuestra primera llamada duró horas mientras leíamos la Palabra juntos. En ese momento tan especial, ambos lo sentimos con claridad: este encuentro no era casualidad. Dios estaba presente, y había un propósito desarrollándose delante de nosotros. Con el paso de los días, nuestros corazones se fueron acercando. Unas semanas después, tuvimos nuestra primera cita. Aunque la distancia estaba entre nosotros, nunca fue más fuerte que la paz que Dios puso en nuestros corazones. Ese día confirmó lo que ya comenzábamos a creer: que este amor valía cada milla, cada sacrificio y cada oración. Durante los siguientes seis meses, vivimos etapas de alegría y crecimiento, junto con desafíos que nos enseñaron a confiar más profundamente en Dios y a amarnos con mayor intención. En cada momento alto y bajo, Cristo permaneció como nuestro fundamento, enseñándonos paciencia, humildad y lo que realmente significa amar como Él ama. Hoy, por Su gracia y en Su tiempo perfecto, estamos comprometidos — preparándonos para entrar en pacto juntos, no solo como dos corazones enamorados, sino como dos vidas rendidas a Dios. Con la fe como nuestro ancla y a Cristo en el centro, miramos hacia adelante con gratitud por todo lo vivido y con emoción por todo lo que Él aún tiene por escribir. “Así que ya no son dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.” — Mateo 19:6