Siempre estuvimos cerca sin mirarnos de verdad, compartiendo reuniones, risas y silencios, unidos por el lazo de una hermana, amiga desde la infancia. Nos conocíamos de nombre, de vista, de historias contadas a medias, pero no de corazón. El tiempo pasó, cada uno vivió lo suyo, hasta que la vida decidió detenerse en el momento exacto. Entonces nos volvimos a encontrar, ya no como antes, sino como dos personas listas para reconocerse y comenzar algo nuevo juntos.