Todo comenzó una noche de viernes en nuestro grupo de Jóvenes Adultos Cristianos. Entre risas y adoración, nuestras miradas se encontraron, y se hizo evidente la mano de Dios uniéndonos. Surgió una conversación ligera y con intención, que pronto dio paso a citas en las que descubrimos lo perfectamente que eramos el uno para el otro. Entre cada risa, cada oración compartida y cada servicio dominical, nos dimos cuenta de que no solo amábamos a Jesús y a la iglesia, sino que también nos amábamos el uno al otro. Así fue como Dios escribió el comienzo de nuestra historia.