-
Nos conocimos en la iglesia hace algunos años sin imaginar lo que Dios tenía preparado para nosotros. A lo largo de los años coincidimos en muchos momentos, compartimos risas y conversaciones, y poco a poco fuimos formando una conexión muy bonita que creció de manera natural. Por un tiempo, cada uno estaba enfocado en su propio camino, pero en el momento perfecto, Dios permitió que nos viéramos de una manera diferente. Un día decidimos salir a una cita… y desde ese momento, todo cambió. Esa primera cita fue el comienzo de una etapa llena de emociones, risas, e ilusión, donde empezamos a conocernos de una manera más profunda y auténtica. Poco a poco, esa amistad especial se fue transformando en algo más. Las conversaciones se hicieron más profundas, el tiempo juntos se nos empezó a hacer corto y más valioso, y sin darnos cuenta, ya no imaginábamos la vida el uno sin el otro. Todo se sentía natural, lleno de paz y seguros de que Dios estaba guiando cada paso. Después de un tiempo de conocernos más a fondo, nos hicimos novios, y cuatro meses después nos comprometimos, seguros de que Dios nos había hecho el uno para el otro. Hoy miramos nuestra historia con gratitud, sabiendo que nada fue casualidad y que todo ya formaba parte del plan perfecto de Dios. Ahora con el corazón lleno de amor y fe, estamos listos para comenzar esta nueva etapa de nuestras vidas, agradecidos por el amor que Él nos regaló.