Aunque los dos somos dominicanos y compartíamos muchos amigos en común, fue en Barcelona donde nuestras vidas finalmente coincidieron. Al inicio no fue una relación amorosa, sino una amistad genuina que pronto se volvió especial. Durante tres años vivimos una relación a distancia, viajando entre países y reencontrándonos cada vez que podíamos. Esa etapa exigió sacrificios y paciencia, pero también nos enseñó a valorar cada momento y a fortalecer lo que sentíamos. Nuestro primer viaje juntos fue a Portland, Oregon. Ahí, entre naturaleza y momentos compartidos, supimos que queríamos casarnos. Tiempo después volvimos a Portland y, en el Hoyt Arboretum, llegó la propuesta de matrimonio. Compartimos la pasión por los viajes y las aventuras, pero lo que más nos une es la manera en que entendemos el trabajo en equipo, la importancia de la familia y el sueño de construir un hogar juntos. Hoy queremos transmitir a nuestros invitados algo simple pero profundo: el amor recompensa a quienes confían en él.