El paisaje agavero es suficiente para convertir a Tequila en un mundo de magia verde azul pero además cuenta con haciendas inolvidables y perfectamente conservadas, restaurantes, hoteles en forma de barrica y por supuesto catas de tequila blanco, reposado, añejo y extra-añejo, la bebida tradicional de México. No se puede llegar a ser mucho más mágico que el pueblo donde se destila la esencia de la mexicanidad.
La cuna de la alfarería se encuentra en la capital de Jalisco y es uno de los municipios conurbados de Guadalajara: Tlaquepaque. Donde la tradición artesanal se mezcla con la alegría del mariachi y lo mismo se pueden adquirir objetos de barro, visitar museos que comer en el Parián acompañado de mariachis y pedir un tequila mientras suena la filosofía cantada de José Alfredo Jiménez y muere la tarde.