Nuestra historia no comenzó con un flechazo juvenil, sino entre los retos y las metas del día a día mientras trabajábamos juntos. Lo que empezó como compañerismo se transformó, casi sin darnos cuenta, en el pilar de nuestras vidas. Hoy, tras 20 años de caminar de la mano, de construir un hogar y de fortalecernos en la fe, sentimos que el tiempo de Dios es perfecto. Descubrimos que cada camino recorrido nos llevaba exactamente al mismo lugar: el uno al otro. Hoy, después de tantos momentos compartidos, estamos listos para comenzar este nuevo capítulo y no podemos imaginar un mejor lugar para celebrarlo que rodeados de las personas que más queremos. Llegamos al altar con la madurez de quien sabe amar en lo cotidiano y la gratitud de haber encontrado al compañero de vida ideal. Queremos dar gracias al Señor por habernos unido hace dos décadas y celebrar con ustedes que nuestro compromiso, lejos de ser el inicio, es la hermosa confirmación de una vida que ya compartimos.