Looking back, it’s pretty clear the universe was playing matchmaker for us; it just took its sweet time! Brandon and I went to the same high school but somehow never crossed paths. (Although if you ask Brandon, he’ll tell you he noticed me a few times. Meanwhile, I was probably too busy living in my own little world to notice.) Fast forward a bit: Brandon was working at Starbucks, I was at Chick-fil-A right next door, and we still managed to keep missing each other. Impressive, right? Then one day, fate finally decided to step in. I was 17, working the drive-thru, when Brandon pulled in. The moment our eyes met, everything else seemed to freeze — the cars, the noise, the rush it all just faded away. Turns out, he felt it too. After that, we kept bumping into each other, sharing shy smiles, some awkward small talk, and more than a few “almost” moments. Brandon would invite me for coffee, and I’d give him the classic “too busy with school” excuse (sorry babe!). Eventually, my mom told me to stop being so stubborn and see where it might lead. Best advice ever (thanks mami!). Because here we are today, completely wrapped up in those invisible strings that were clearly tying us all along. We can’t wait to begin this next chapter, surrounded by the people we love most. Thank you for being here to witness the start of our forever! Traducción al español: Mirando hacia atrás, está bastante claro que el universo estuvo jugando a ser nuestro cupido… ¡solo que se tomó su tiempo! Brandon y yo fuimos a la misma escuela secundaria, pero de alguna manera nunca nos cruzamos. (Aunque si le preguntas a Brandon, él te dirá que me notó varias veces. Mientras tanto, yo probablemente estaba demasiado ocupada viviendo en mi propio mundito para darme cuenta). Pasó el tiempo: Brandon trabajaba en Starbucks, yo en Chick-fil-A justo al lado, ¡y aun así logramos seguir evitándonos! Impresionante, ¿verdad? Hasta que un día, el destino finalmente decidió intervenir. Yo tenía 17 años, estaba trabajando en el drive-thru, cuando Brandon pasó en su carro. En el momento en que nuestras miradas se cruzaron, todo lo demás pareció detenerse: los autos, el ruido, la prisa… todo se desvaneció. Resulta que él sintió lo mismo. Después de eso, comenzamos a toparnos con frecuencia, compartiendo sonrisas tímidas, conversaciones algo torpes y más de un “casi” momento. Brandon me invitaba a tomar un café, y yo le daba la clásica excusa de “estoy demasiado ocupada con la escuela” (¡perdón, mi amor!). Eventualmente, mi mamá me dijo que dejara de ser tan terca y que viera a dónde podía llevarme esto. El mejor consejo de todos (¡gracias, mami!). Porque aquí estamos hoy, completamente envueltos en esos hilos invisibles que claramente nos estaban uniendo desde el principio. No podemos esperar para comenzar este próximo capítulo rodeados de las personas que más amamos. ¡Gracias por estar aquí para ser testigos del inicio de nuestro para siempre!