Cuando nos preguntan cómo nos conocimos, siempre decimos: "Prepárense para algo poco heroico, nada romántico y, honestamente, un poco bizarro". Todo comenzó en un lugar lleno de memes, debates eternos y opiniones no solicitadas: Twitter. Un amigo en común nos agregó a una conversación grupal en esa jungla virtual, y lo que empezó como una charla casual se convirtió en horas de mensajes, risas y la revelación más inesperada: ¡vivíamos a solo 5 cuadras de distancia y nunca nos habíamos cruzado! Sí, años compartiendo el mismo barrio sin tener ni idea de la existencia del otro. Decidimos resolver ese error del destino con una cita en persona. ¿El resultado? Un flechazo que, aunque no fue directo, fue certero. Dos años después, con un salto al vacío lleno de dudas, aventuras y mil valijas, nos mudamos juntos a Chile. Lo que no sabíamos entonces era que esa decisión marcaría el comienzo de una de las etapas más lindas de nuestras vidas. Avancemos rápido 12 años (sí, DOCE) hasta unas vacaciones mágicas. Nico, que llevaba un año entero orquestando el momento perfecto como un maestro del suspenso, nos sorprendió a ambos (sí, incluso a sí mismo) con una propuesta inolvidable: después de una cena de película y una caminata bajo las estrellas, se arrodilló y le pidió matrimonio a Fer. Spoiler: ella dijo que sí. ❤️ Y así es como nuestra no tan heroica, pero definitivamente única historia continúa escribiéndose.