Muchos nos preguntan cómo nos conocimos, pero la verdad es que no hay un momento exacto que podamos señalar porque nos hemos conocido toda la vida. Las mamás de nosotros, Lisandra y Rosemary, son mejores amigas, y crecimos compartiendo recuerdos familiares, viajes a la playa y muchas risas. Incluso fui a la escuela con su hermano Alex. Aun así, nunca vimos el uno al otro de manera romántica, simplemente éramos parte de la misma familia extendida, con una conexión natural que siempre estuvo ahí. Todo cambió en un viaje Octubre 2024 que el destino tenía preparado. Mi mamá fue despedida de su trabajo de 10 años mientras estaba de viaje en República Dominicana y, al saberlo, decidí sorprenderla y acompañarla para darle ánimo. Ese mismo día, salimos con Lisandra y Obed a compartir unas cervezas y comer quipes. Durante la conversación, hablábamos de lo bonito que sería si nuestras mamás se mudaran juntas, y entre risas ellas se miraron, luego nos miraron a nosotros y dijeron: “¿Y por qué ustedes no se juntan" algo así por el estilo. Nos reímos, comenzamos a bromear y a llamarnos “mi amor” y “mi vida” ese mismo fin de semana. Aunque ya existía una amistad, empezar a vernos con otros ojos se sintió diferente y especial. Ese fin de semana hablamos sin parar. Todo fluyó de manera tan natural que sentimos que nuestras vidas se habían alineado en el momento perfecto. Aun así, nuestra prioridad fue fortalecer la amistad, establecer límites y aprender sobre nuestras formas de comunicarnos. En ese proceso, descubrimos una conexión más profunda y genuina. Nuestra primera cita fue el 21 de octubre de 2024, y desde ese día, las chispas no dejaron de volar. Un mes después, en Acción de Gracias (28 de noviembre de 2024), Obed me pidió que fuera su novia, y el 5 de julio de 2025, me propuso matrimonio. Desde entonces, hemos cruzado cielos una y otra vez. Ya llevamos 11 vuelos para vernos (¡y contando!), porque cuando el amor es real, no hay distancia que lo detenga. Hoy agradecemos a Dios por habernos unido de una forma tan inesperada y perfecta. Lo que comenzó como una amistad de toda la vida se transformó en una historia de amor bendecida, que apenas está comenzando.