Nos conocimos a mediados de marzo, y desde ese primer instante sentimos que algo especial nos unía. Dos citas bastaron para darnos cuenta de que queríamos caminar juntos, de que nuestros caminos se habían encontrado por algo más grande que nosotros. Yo ya tenía una bebé, y mientras ella iba creciendo, también crecía nuestro amor. Crecimos como pareja, como familia y como personas, aprendiendo a amar con paciencia, entrega y fe. La vida nos puso desafíos, altas y bajas, momentos de prueba y de esperanza, pero nunca dejamos de elegirnos. Con el tiempo fuimos descubriendo el valor de cada mirada, de cada risa compartida, de cada abrazo en los momentos difíciles. Aprendimos a apoyarnos, a crecer juntos, y a cuidar con paciencia y ternura lo que nos unía. Nuestro amor no solo ha crecido, sino que se ha fortalecido con cada prueba, con cada desafío y con cada instante de felicidad que la vida nos regala. Hoy seguimos aquí, con el corazón lleno de gratitud, con la ilusión de celebrar pronto nuestro amor frente a Dios y nuestras familias, y con la certeza de que lo mejor de nuestra historia apenas comienza. Decidimos poner a Dios en el centro de nuestra historia, reconociendo que sin Él nada sería igual. Queremos caminar juntos bajo Su guía, con Su bendición iluminando nuestro futuro, y construir un amor que sea firme, sincero y eterno.