Dicen que hay personas que llegan a tu vida en el momento correcto… y otras que siempre estuvieron destinadas a quedarse. Nuestra historia comenzó en la escuela secundaria, donde primero fuimos amigos. Compartíamos risas, conversaciones y una conexión especial, aunque en ese momento nuestras vidas tomaban caminos distintos. El tiempo pasó y dejamos de vernos, sin imaginar que el destino solo estaba preparando el momento perfecto para volver a encontrarnos. Años después, regresamos a la universidad buscando crecer profesionalmente, pero sin saber que también estábamos regresando el uno al otro. Entre clases, estudios y largas conversaciones, aquella amistad volvió a nacer… esta vez diferente. Una invitación sencilla cambió todo. Esa noche llegó nuestro primer beso, y con él comenzó una historia llena de cariño, respeto, complicidad y amor verdadero. Desde entonces hemos caminado juntos, aprendiendo, apoyándonos y construyendo un hogar en el corazón del otro. Hoy entendemos que nunca fue coincidencia… siempre fuimos nosotros. Y ahora, con alegría, damos el paso más importante de nuestras vidas: elegirnos para siempre. “El amor es paciente, es bondadoso… todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser.” — 1 Corintios 13:4-8