Nos conocimos en una Convención en Nueva York y, desde ese mágico fin de semana, todo cambió. Aunque no estaba en nuestros planes, el amor creció entre nosotros cada día más, y un mes después ya éramos inseparables. A pesar de la distancia, recorrimos kilómetros para vernos, y con cada viaje, reafirmamos la fuerza de nuestro amor. El 20 de mayo, sellamos nuestro compromiso con una promesa de amor eterno. Las bendiciones de Dios son así, inesperadas y maravillosas.