Celebración

No es un día cualquiera. Es un regreso al origen.
En 1932, mi bisabuelo Petar Badovinac y mi bisabuela Rosita Rodríguez llegaron a la hacienda El Molino La Rosita, en Villa de Leyva, para comenzar una vida juntos. Allí construyeron un hogar y un proyecto que marcó historia: el molino que abastecía de trigo a algunas partes de la región y que convirtió este lugar en el primero en contar con energía eléctrica en el pueblo.
Con los años, la hacienda se transformó en la Hostería La Rosita, recibiendo visitantes de distintas partes del mundo, atraídos por su belleza, su tradición y su esencia única.
De alguna manera, todo nos ha traído hasta aquí. Entre todos los lugares posibles, elegimos este. O tal vez, este lugar nos eligió a nosotros.
Casarnos aquí es honrar el pasado y, al mismo tiempo, comenzar nuestra propia historia en un lugar que ya sabe lo que significa amar, construir y permanecer.
Porque hay lugares que no se eligen… se sienten. Y este es el nuestro.