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¡Nos vamos a casar!

Pauli

&

Alejo

June 27, 2026

Bogotá, Colombia
5 days5 d19 hours19 h44 minutes44 min28 seconds28 s

Hatan bquysqua

Dicen que en las noches frías del páramo, el viento habla, que silba nombres perdidos, que sopla promesas que no se cumplieron y que, si uno no está atento, el alma se le va detrás de un suspiro. A mí, el viento me repite el tuyo, como si aún te tuviera en la punta de mis labios. Te conocí una tarde lluviosa, a los pies de Monserrate, entre montañas que nos observaban en silencio, mientras el viento espeso despeinaba tus cabellos como si te conociera de antes. Llevabas un sombrero ladeado y los pies polvosos de tanto andar, pero caminabas como si el suelo te obedeciera. No sé si fue el color de tus ojos o la manera en la que hablabas, pero algo en mí se quebró suavecito. Desde ese momento supe que mi corazón, tan quieto hasta entonces, empezaba a caminar hacia ti. Nos quisimos como quien se quema sin darse cuenta, despacito, pero sin remedio. A veces con ternura, a veces con rabia. Tú decías que el amor era como el aguacero de abril: llega sin aviso, empapa todo y se va dejando el corazón temblando. —Amarte de esta forma debería ser considerado un pecado— te dije una noche bajo el toldo de estrellas que tejía la laguna de Siecha. Tú solo reíste, con esa risita tuya que cree que el mundo cabe en una mochila. Pero yo sabía que ni allá abajo, en el infierno, arde como mi corazón cuando está a tu lado. Te fuiste sin decir adiós, como hacen los que tienen miedo a quedarse. Me dejaste con el aire cortado y la voz metida en los dientes. Desde entonces, andé con la cara larga, buscando pedacitos tuyos en ferias, en los cantos de las abuelas, en el olor del maíz. Alguna vez te soñé. Estabas bailando una zamba que no conocía, con flores entre el cabello y los pies descalzos. Me desperté llorando, con la boca llena de tu nombre. Oye, amor... ¿Qué me hiciste? Estoy traga’o. Y no sé si vaya al cielo, pero ojalá te encuentre allí. Si no, no importa. Yo me quedo en este infierno donde ardo solo cuando pienso en ti.

...

Yo también escuché al viento después de marcharme. No como tú lo escuchabas, triste y suplicante, sino furioso, como si las montañas me reclamaran tu ausencia. Porque uno puede irse del cuerpo, pero no del lugar donde dejó el alma enterrada; la mía la había dejado entre tus brazos, allá arriba, donde el frío y las lagunas guardan secretos que nadie se atreve a nombrar. Me fui pensando que el amor también debía cansarse. Que, después de tantas heridas abiertas como caminos de piedra, ya no quedaba nada que salvar. Juré no volver, juré no perdonar tus pecados y los míos. Me repetía que hay amores que se rompen aunque se busquen en la memoria de todo lo que fueron. Aun así... cada noche terminaba buscándote en las canciones viejas, en la forma en que la lluvia golpeaba las tejas en la madrugada. Pasó el tiempo y el tiempo no te arrancó de mí. Mi cabeza repetía que no regresara, que no olvidara el dolor, que no creyera en hombres que prometen con los ojos aguados. Pero entonces llegaste tú, no perfecto, pero más suave en la manera de hablarme, más consciente de las ruinas que habías dejado, y empecé a notar cambios pequeños, como brotes naciendo de la tierra fría. Y entonces comprendí que el amor nunca fue irnos sin rompernos ni salvarnos del dolor. El amor eras tú regresando. Éramos nosotros volviendo a escogernos incluso después del caos, como almas tercas que, por más que corrieran, siempre terminaban encontrándose al pie de la misma montaña. Aquella tarde, mientras el sol iluminaba el Tibabuyes, me pediste que me quedara para siempre. Yo te miré... acepté, no porque el amor fuera perfecto, sino porque, después de todo el caos, después de las despedidas y del orgullo, seguías sintiéndose como hogar. Ahora, cuando el viento baja del páramo y atraviesa las montañas, ya no suena a despedida; suena a promesa. Como si la tierra misma supiera que hay amores condenados a encontrarse una y otra vez. Y si amarte fuera pecado... que los dioses mismos bajen a arrancarte de mis entrañas.

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Adaptación basada en el cuento "Guambra de ojos cafés", de Dahiana Arenas

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