Dicen que el amor llega cuando menos lo esperas… o en nuestro caso, cuando haces match en una app de citas sin imaginar que estás a punto de conocer al amor de tu vida. Desde nuestra primera cita —entre nervios, carcajadas y un pequeño choque de auto— supimos que algo en nosotros había hecho clic. La vida nos separó unas semanas, pero el destino insistió. Bastó un emoji, una historia de Instagram y una pandemia para volver a encontrarnos… y desde entonces, no ha pasado un solo día sin buscarnos. Con el tiempo, nuestras miradas se volvieron rutina, los abrazos hogar, y las conversaciones planes de futuro. Cuando pensamos en casarnos, no sabíamos quién debía dar el anillo —porque en nuestro amor no hay reglas, solo intención—. Lo curioso fue descubrir que ambos, en secreto, estábamos planeando lo mismo… incluso el mismo día, con la misma persona como cómplice. La propuesta llegó meses después, en un viaje a Asia con su familia. En lo alto de un mirador escondido en Zhangjiajie, China, con las montañas flotando a nuestro alrededor, Gabriel me pidió que volteara para una foto… y al regresar la mirada, lo encontré de rodillas, con un anillo y un nudo en la garganta. No hubo palabras, solo emoción. Y un “sí” que dijimos con todo el corazón. Hoy queremos compartir esa emoción contigo. Porque no solo celebramos una boda… celebramos el amor que hemos construido paso a paso, y el inicio de una nueva aventura que, sin duda, será la más hermosa de todas. Gracias por acompañarnos en este capítulo tan especial. 🤍