Las aguas de Venecia ahogaron mis nervios por un instante, fue ahí ante la brisa fría del puente, que Dios puso su mano en mi hombro y me ayudó a arrodillarme. Le propuse matrimonio a mi alma gemela.
Durante siete años hemos caminado juntos, creciendo paso a paso, celebrando triunfos y sosteniéndonos en los días difíciles. En nuestro hogar, Mufasa y Nala han sido testigos silenciosos —y a veces muy ruidosos— de un amor que se fortalece cada mañana, cada viaje y cada meta alcanzada. Hemos recorrido el mundo de la mano: desde las islas de Grecia hasta las arenas de Egipto, pasando por Europa, Estados Unidos, Turquía y las calles mágicas de Londres. Cada destino nos ha enseñado algo distinto, pero todos nos han recordado lo mismo: cuando se ama de verdad, cualquier lugar se convierte en hogar.