En Abril del 2018 todo comenzó, sin planearlo, en un evento escolar. Yo acompañaba a una amiga y José presentaba su proyecto. Entre risas y conversaciones ajenas, nuestras miradas se cruzaron… y algo empezó a latir. Pasaron días sin contacto, y el destino quiso que no nos volviéramos a ver hasta dos meses después, cuando apareció su solicitud en Instagram. Un simple mensaje lo cambió todo. Recibirlo fue uno de los momentos más emocionantes, sin saber hasta dónde nos llevaría. Decidimos dar el paso a lo desconocido y, desde entonces, no dejamos de hablar. Ese verano, la distancia no apagó la chispa; al contrario, la conversación constante se convirtió en la promesa de un reencuentro. En septiembre, por fin nos vimos en el puente de la escuela. Desde ese día, fuimos inseparables: citas en el gimnasio, cenas improvisadas y, en Halloween, llegó el primer “me gustas”. La historia dio otro giro cuando me mudé a Austin por un semestre. Antes de irme, el 13 de diciembre, en una tarde fresca, me pidió que fuera su novia. Durante esos meses, José viajaba sin falta para verme, y fue entonces cuando supe que había algo verdaderamente especial… y el resto es historia. Desde entonces hemos vivido pruebas que pocos conocen, pero también momentos mágicos, llenos de amor, risas y complicidad. Nuestra historia comenzó con un salto a lo desconocido y sigue creciendo y transformándose cada día. Hoy, juntos, damos un nuevo salto en nuestra aventura: el matrimonio.