Nos reunimos junto al mar para celebrar el amor, honrar el camino que nos trajo hasta aquí y abrir juntos un nuevo comienzo. Un encuentro sagrado para honrar lo que somos, la alegría de poder estar juntos, la fortuna de tenernos y la familia divina que estamos construyendo.
Nuestro encuentro se sintió en el cuerpo desde el inicio. Sabíamos, de alguna manera profunda, que estábamos destinados a encontrarnos. En medio del baile, de la sabiduría, del intelecto y del despecho que flotaban en el ambiente, hubo miradas que se cruzaron y almas que se reconocieron. Desde entonces hemos caminado juntos, aprendiendo, creciendo y construyendo la familia que hoy nos llena el corazón.
El momento llegó como llegan las cosas que son verdaderas: de forma inesperada, pero profundamente clara. Con el mar como único testigo, y sin que Andrea lo estuviera esperando, apareció la pregunta que sellaría nuestro camino. Ese mismo día, como una pequeña señal de la vida, dos gatos llegaron también a nuestras vidas. Como si todo nos recordará que lo que estaba naciendo entre nosotros era hogar.
Tiempo después como regalo de Dios llegó Bahía a llenarnos de Dicha, a complementarnos, a darnos más vida y hoy somos una familia llena de amor, en constante aprendizaje y muy feliz. El lugar donde nos casaremos se llama Bahía puerto Luz, seguro fue ella quién eligió el lugar en honor a su nombre y llegada.