We met our sophomore year of high school in geometry class. One of us instantly developed a crush, and the other mostly struggled to stay awake. Geometry wasn’t our strength, but somehow we always figured things out, usually with lots of explaining due to bad handwriting. After high school, we lost touch… until Instagram brought us back together through a grammar correction that turned into laughter. Soon after, a bold “let’s go on a date” note appeared, a nervous “time and place?” was sent (and quickly unsent), but the moment had already begun. What was supposed to be a friendly hangout quickly turned into something more. Between getting lost, laughing endlessly, braving the beach, and sharing a stolen kiss at the end of the night, everything changed. Even distance and boot camp couldn’t stop what had started. Letters were written, time passed, and when we reunited, it felt like no time had gone by at all. From flowers “just because,” to a heartfelt ask to be official, to jokes about marriage that slowly became real, we found our way to forever. After a Valentine’s Day sushi date and a blessing from family, we said yes to a lifetime together. From geometry notes to forever, we can’t wait to begin this next chapter side by side. ... Nos conocimos en segundo año de preparatoria, en la clase de geometría. Uno de nosotros se enamoró desde el primer día, y el otro apenas podía mantenerse despierto. La geometría no era lo nuestro, pero siempre encontrábamos la forma de ayudarnos con muchas explicaciones y una letra bastante fea. Después de graduarnos, dejamos de hablar… hasta que Instagram nos volvió a unir con una corrección de gramática que terminó en risas. Poco después apareció una nota que decía “vamos a una cita,” se mandó un nervioso “¿hora y lugar?” (que se borró rapidísimo), pero la historia ya había comenzado. Lo que se suponía que sería una salida de amigos pronto se convirtió en algo más. Entre perdernos en el camino, reírnos sin parar, enfrentarle al mar y terminar la noche con un beso robado, todo cambió. Ni la distancia ni el boot camp pudieron detener lo que empezó. Hubo cartas, espera, y cuando nos volvimos a ver, fue como si nunca nos hubiéramos separado. Desde flores “nomás porque sí,” hasta la pregunta sincera de ser novios, y bromas de casarnos que poco a poco se hicieron realidad, encontramos nuestro camino al para siempre. Después de una cita de sushi en San Valentín y la bendición de la familia, dijimos que sí a una vida juntos. De apuntes de geometría al para siempre, estamos listos para comenzar este nuevo capítulo juntos.