Some love stories are written in fairy tales—ours began in real life, with plenty of twists, laughter, lessons, and grace. We first said “I do” at a courthouse on a Tuesday morning in 2016. Young, in love, and fueled by faith and determination, we chose each other before everything else—before the venue, the dress, or the guest list. What followed was nearly a decade of growing up and growing together—navigating new jobs and ventures, parenting, late-night laughs, and the kind of challenges that test and deepen love. We’ve built a life side by side, learning that marriage is less about grand gestures and more about small, sacred choices made daily. We’ve laughed a lot, cried a little, and leaned hard on God through every high and low. He’s been the center of our story from day one—and truly the reason we’re still standing, smiling, and somehow still sane. So this February, ten years (and two beautiful children!) later, we’re doing it again—but this time, with a chapel, a cross, and a whole lot of people we love. It’s not just a vow renewal; it’s a wedding and celebration of redemption, commitment, and the messy, miraculous beauty of choosing each other—again and again. We’re so grateful you’re here to witness what God has written—and what He’s still writing.
Algunas historias de amor se escriben en cuentos de hadas; la nuestra comenzó en la vida real, llena de giros inesperados, risas, lecciones y gracia. Nos dimos el "acepto" por primera vez en una corte un martes por la mañana del 2016. Jóvenes, enamorados e impulsados por la fe y la determinación, nos elegimos el uno al otro antes que lo demás: antes que el lugar, el vestido o la lista de invitados. Lo que siguió fue casi una década de crecer y crecer juntos: lidiando con nuevos trabajos y emprendimientos, la crianza de los hijos, risas nocturnas y los desafíos que ponen a prueba y profundizan el amor. Hemos construido una vida juntos, aprendiendo que el matrimonio se trata menos de grandes gestos y más de pequeñas decisiones sagradas que tomamos a diario. Hemos reído mucho, llorado un poco y nos hemos apoyado firmemente en Dios en cada momento. Él ha sido el centro de nuestra historia desde el primer día, y sin duda la razón por la que seguimos de pie, sonriendo y, de alguna manera, cuerdos. Así que este febrero, diez años (¡y dos hermosos hijos!) después, lo volvemos a hacer, pero esta vez con una capilla, una cruz y muchísima gente que amamos. No es solo una renovación de votos; es una boda y una celebración de redención, compromiso y la belleza, a la vez caótica y milagrosa, de elegirnos el uno al otro, una y otra vez. Estamos muy agradecidos de que estén aquí para presenciar lo que Dios ha escrito y lo que sigue escribiendo.