A veces Dios usa las cosas más simples para escribir las historias más grandes. Para mí, todo empezó con un simple pisotón de un chico llamado Allan después de un concierto, se convirtió en una señal que no supe ver en ese momento. Pero un versículo, Deuteronomio 11:24, fue el 'clic' que necesitaba para ver Su mano en nuestro encuentro, y se reveló después como el primer paso hacia un camino que Dios ya había preparado para nosotros y entendí que ese encuentro casual no fue casualidad. Hoy, ese 'chico que me pisó los zapatos' es el hombre con el que voy a compartir el resto de mi vida.