Como todo el mundo sabe, Jeff ama sus raíces brasileñas. Por la forma en que habla de Brasil —la cultura, la música, el estilo de vida y, lo más importante, el fútbol—, se diría que ha vivido allí toda su vida. Es una de las muchas cosas de las que Agustina se enamoró de él. En las primeras etapas de su relación, Jeff compartió con ella todo lo que había que saber sobre Brasil. Al principio, Agustina solo sabía cosas superficiales, pero poco a poco empezó a enamorarse no solo del país, sino también de la pasión que Jeff sentía por él. Lo que comenzó como curiosidad se convirtió poco a poco en algo más. No solo estaba aprendiendo sobre Brasil, sino que estaba aceptando una parte de él. Después de unas veinte citas, planearon reunirse con un pequeño grupo de amigos brasileños para salir por la noche. Agustina aún era nueva en la cultura, pero estaba emocionada y se sentía completamente segura con Jeff guiándola en el camino. A Jeff le encantaba verla entrar en su mundo con tanta apertura y disposición. Terminaron en un bar brasileño en Boca Ratón, Florida, con música en vivo, caipirinhas fluyendo y sertanejo llenando la sala. La cultura estaba en auge en el centro de Florida del Sur. Al principio, todos bailaban juntos en un gran grupo, riendo, bebiendo y pasándolo en grande. Al final, solo quedaron ellos dos en medio del bar abarrotado. Agustina no tenía ni idea de cómo bailaban los brasileños. Miró a su alrededor intentando copiar los pasos, algo perdida pero decidida. Jeff sonrió, le tomó las manos y la guió suavemente: dos pasos a la derecha, dos pasos a la izquierda. De alguna manera, milagrosamente, lo consiguió a la primera (lo cual es sorprendente, porque ella misma admite que no es la mejor bailando). Siguieron dando pasos a la derecha y a la izquierda, riendo, perfectamente sincronizados con la música sertanejo. Y en ese momento, al verla intentarlo, reír y abrazar plenamente una parte de su mundo, vio a alguien por quien sentía algo más. Jeff la miró, con una sonrisa tan grande que era imposible pasarla por alto, y en medio del bar abarrotado gritó por encima de la música: ¡Wow... te amo! Y en ese momento, no se trataba solo del baile. Se trataba de encontrar a alguien dispuesto a entrar en tu mundo y elegirse mutuamente, de forma plena y sincera.